En el 2008, el conflicto entre el sector que lidera y el actual gobierno mantuvo expectante al país. Hoy, la protesta se centra en la colocación del trigo. Por ello el productor de Leones y Presidente de Coninagro, reclama volver al esquema que rigió hasta el 2006 donde "no había diferencial de precios con respecto a la harina o al trigo como lo tiene hoy", le dijo Garetto a NUEVO DIA, durante el transcurso de esta semana, antes de viajar a Buenos Aires para reunirse con los demás integrantes de la mesa rural y continuar las negociaciones.
   
   -¿Cuál es la situación hoy de la Mesa de Enlace?
   
   -La Mesa de Enlace está conformada por cuatro entidades que tienen un origen distinto, historias diferentes, representaciones diversas en cuanto a su estructura, productores y producción. La política agropecuaria hizo que se igualen esas estructuras. Antes existían el gran productor, el mediano y el pequeño. Hoy, el gran productor es una figura jurídica; el pequeño productor también salió del sistema porque no le cerraban más los números. La representación que tenemos obedece a la misma necesidad que tiene el productor de Confederaciones Rurales Argentina, de Sociedad Rural o de Federación Agraria, tienen los mismos requerimientos, los mismos problemas, por lo cual son ellos los que le han dado formato a esto. Son el sustento, la base, la fortaleza y la vitalidad de lo que todo el mundo llama la "Mesa de Enlace". Esta entidad no depende ni de Bussi, ni de Garetto, ni de Biolcatti, ni de nadie en especial, depende de los productores.
   
   -Pero Buzzi ha tenido desencuentros con Biolcatti y Llambía por la compra de trigo a las cooperativas que se entienden como intereses distintos, entonces ¿cuáles son los puntos que los unifican?
   
   -Sin duda, dentro de esa diversidad de productores, hay requerimientos más puntuales, que obedecerán a cuestiones coyunturales o estructurales, lo que hace que haya diferencias en el pensamiento y en la propuesta, que implica que haya debate, discusión, algunas muy fuertes, algunas que trascienden la Mesa de Enlace. Esto no nos preocupa, siempre las hubo, y seguirá habiéndolas, lo importante es que trabajamos fuerte en los temas en los que tenemos coincidencias y más fuerte aún en los que tenemos diferencias para encontrar los puntos que resuelvan la situación, el punto de equilibrio que nos indique que el beneficio de un productor no actúe en detrimento de otro, ni de algún sector, y mucho menos del Estado y del Gobierno. Por eso cuesta lograr la equidad y se dan esas discusiones acaloradas.
   
   Hubo un hecho que fue histórico y que lo colocó al campo en el centro de la escena pública, que fue el conflicto de 2008, y desde ese punto, el campo también está en el centro de algunas decisiones políticas. Esto marca un quiebre muy importante en la historia del país, porque empezó a haber valoraciones desde todos los sectores sociales y económicos y del mismo periodismo acerca del rol económico y social que desplegó el campo en nuestro país. La historia de nuestro país viene acompañada de la historia de la agricultura. Se inicia con los inmigrantes, de los cuales somos descendientes, quienes han creado en su tarea diaria en el laboreo de la tierra una cultura del trabajo.
   
   -Hoy el contexto social, económico y político es otro, ¿qué parámetros cambiaron?
   
   -Hoy se ha perdido esa cultura del trabajo; vemos cómo se está concentrando la riqueza, cómo se reemplazó por la cultura rentista, y esto genera desequilibrios en la sociedad. El campo también lo padeció, porque no sólo perdimos producción de cereales y de ganado, sino también de economías regionales, quedó estancada la lechería, perdimos 57.000 productores en esta etapa.
   
   Hay que hacer correcciones, modificaciones, que tienen que surgir en el ámbito natural de discusión de las políticas a tomar, que es el propio Congreso, para que allí se alcancen los consensos necesarios y logremos restablecer ese equilibrio en la sociedad. Que no nos ocurra lo que está pasando con el trigo, que unos pocos se quedan con la porción grande de la torta y en el otro extremo Doña Rosa paga dos dólares el kilo de pan, lo mismo que en los países limítrofes, donde no se produce trigo. De esos 8 pesos, el productor sólo recibe 0,70 pesos. Entonces, hay una distorsión generada por el Gobierno en materia de políticas agropecuarias y ésta es la discusión planteada en cada audiencia que hemos tenido con el Ministro Domínguez, que fue a quien más hemos podido acceder, quien ha sido políticamente más abierto, y hemos logrado coincidencias, aunque todavía no hemos podido llevarlas a la práctica para que se transformen en los resultados que el productor espera. Por eso hay malestar y conflicto. En cuanto a las diferencias, no hemos tenido la posibilidad de generar un debate responsable, sensato y profundo para alcanzar los acuerdos de destraben situaciones conflictivas.
   
   Nos parece que no podemos desaprovechar esta oportunidad que nos brinda el mundo: un país que, por cada habitante, produce alimentos para diez en el mundo, lo cual nos dice que no está en riesgo la seguridad alimentaria de Argentina, no está en riesgo la mesa de los argentinos. Aumentar el precio del trigo no significa aumentar el del pan porque su incidencia es apenas del 8 por ciento. Hay que hacer esas correcciones para que realmente aprovechemos esta demanda internacional y sigamos abasteciendo también a los argentinos.
   
   -Entonces, ¿es una situación extrema lo que planteó Biolcatti cuando afirmó que va a faltar pan, carne y leche en el país?
   
   -Sin duda, en la tribuna se extreman algunos conceptos. Nosotros tenemos una zona que es cautiva del trigo, que es el sur de la provincia de Buenos Aires y La Pampa. Son los más afectados hoy porque no puede hacer soja, maíz, trigo, girasol, como podríamos hacer acá. Ellos vienen de dos años de haber perdido sus cosechas, no levantaron un grano de trigo; perdieron también las vacas por tener que malvenderlas, hoy no las puede reponer; tomó créditos en la campaña anterior para sembrar el trigo, se endeudó en bancos y cooperativas, vino una buena cosecha y hoy quiere salir a venderlo para pagar sus deudas y no tiene quién se lo compre; y si hay algún vivo que se lo compra le paga 200 pesos menos la tonelada, es decir que no obtiene un precio justo. Por otro lado, el pan en la góndola sigue tan caro como antes. Necesitamos que haya incentivos a la producción y la formación de un buen precio, un precio justo; ése es el mejor incentivo para el productor porque eso genera la posibilidad de incorporar tecnología, lo cual implica aumentar la productividad, generar empleo, mejorar la calidad de vida, pagamos salarios dignos; y esa mayor productividad es igual a mayor volumen de producción, no sólo para la mesa de los argentinos sino también para exportar a un mundo que está pidiendo alimentos, y son divisas que entran para que el gobierno de turno que administra el Estado pueda brindar más seguridad, más educación, más justicia, y pueda concretar las obras de infraestructura, como la autopista, para generar mayor desarrollo económico.
   
   -¿Cree que el gobierno parece dispuesto a cambiar el curso de las medidas tomadas para el campo?
   
   -Creo que todos los conflictos se resuelven en una mesa de diálogo, no desde la lucha en las asambleas, concentraciones o cortes de ruta. Pero para eso hay que ir predispuesto a entender que la otra parte también tiene algo de razón; hay que ir con sensatez, con racionalidad, salir de este estado de crispación y enfrentamiento que los argentinos no quieren, sino que quieren vivir en un país en armonía, donde haya paz, entendimiento, diálogo. El campo no es un factor desestabilizador, no es una alternativa de poder, no somos una corporación ni una coordinadora de partidos políticos; seguramente que hacemos política, pero agropecuaria, no partidaria.
   
   -Dentro de la Mesa, ¿es usted el que trata de atemperar el conflicto?
   
   -Sin duda que hay que convivir con cuatro entidades con distintas representaciones, pero uno trata de llevar el mensaje del productor, que es parte de la sociedad argentina. Tenemos que defender al productor porque creemos que es la base del crecimiento de nuestra economía.
   
   -¿Por qué reclama volver al esquema de comercialización del trigo que rigió hasta el 2006?
   
   -Había una articulación entre los precios del mercado internacional y los del mercado interno porque los precios se formaban por la competencia de dos grandes actores en el caso del trigo, que es la molinería y la exportación, y de la puja surgía el mejor precio. Hoy, al tener un mercado intervenido en la exportación, que está restringida o acotada, hay un operador que no está pujando y hay un solo comprador, que es la molinería, y cuando esto sucede y hay necesidad de vender de parte de los productores del sudeste de la provincia de Buenos Aires, este operador pone el precio, las condiciones de la calidad de la mercadería y la fecha de pago, porque no tiene a nadie que compita.
   
   Quiero aclarar que no se trata de ser liberal, el Estado tiene que intervenir cuando está en peligro el abastecimiento del mercado interno, lo hace cualquier país del mundo. Acá tenemos 16 millones de toneladas de trigo y consumimos 2,5 millones de toneladas para hacer pan, otro 2,5 para las facturas y las galletitas de alto valor, y algo más para semillas, quiere decir que tenemos 9 o 10 millones de toneladas para exportar y que el productor tiene necesidad de vender porque está endeudado, no viene con un colchón de recursos como para aguantarle a la molinería durante todo el año sus caprichos de comprar sólo 500 mil toneladas por mes por su capacidad financiera, logística y de procesamiento. Si, además, la exportación está cerrada, ocurre lo que está ocurriendo.
   
   Acabo de leer una publicación de la FAO, que condena fuertemente a los países que restringen las exportaciones de alimentos, porque eso hace que se caiga el precio, que es el mejor incentivo para la producción, si cae el precio, cae la producción. Para el mercado internacional también es dañino, porque hace que el precio suba en otros países, lo que provoca más pobreza, porque cada vez menos gente puede acceder a los productos. Por lo tanto, si no se exportan alimentos, indirectamente se está exportando hambre al mundo.
   
   -¿Cómo continuarán las negociaciones con el Gobierno?
   
   -Nos reunimos todas las semanas, la próxima es en CRA, siempre nos vamos rotando, no siempre participamos los mismos. Vamos a ir monitoreando cuáles son los resultados que percibe el productor, si está logrando el precio justo en la venta del trigo; hay una serie de promesas incumplidas, como el famoso trigo plus, el maíz plus, la devolución de retenciones a productores de menos de 800 toneladas, los incentivos al novillo pesado. Estos anuncios que no se cumplieron terminan generando un ambiente de desconfianza, que es lo peor que nos puede pasar; si no recuperamos la credibilidad, los buenos anuncios no surgen el efecto deseado. El productor ganadero no está, por ejemplo, realizando inversiones para recuperar producción porque no ve que en el futuro la ganadería pueda sostenerse en los precios. Tiene que haber reglas de juego claras, más cuando hay producciones de por medio que tienen ciclos biológicos que van mucho más allá de un período constitucional, por eso hablamos de que es necesario debatir en el Congreso para alcanzar políticas de estado en materia agropecuaria que terminen generando una normativa a largo plazo con previsibilidad y sustentabilidad, para que no caigamos en situaciones conflictivas como las que vivimos que no resultan beneficiosas para el sector.
   
   -¿Qué opina sobre las familias que realizan trabajos de campo en condiciones precarias, infrahumana, y que esta semana denunciaron los medios?
   
   -Desde las cuatro entidades hemos hecho un gran esfuerzo en este sentido, somos los únicos, junto a la UATRE, que es el gremio que agrupa a los trabajadores rurales y estibadores del país. Creamos el RENATRE en 2003 o 2004, teníamos 300 mil trabajadores, hoy son 800 mil los registrados dentro del marco de la ley, con todos los beneficios, y todavía nos falta incorporar a más. No nos apoya nadie, lo hemos hecho con los recursos de los propios trabajadores y de los productores. Todavía tenemos economías regionales donde debemos brindar asistencia médica, social, donde hay que facilitarle a ese productor una normativa que acceda a blanquear al trabajador, para que no sea un mecanismo engorroso, burocrático, para que le sea conveniente incorporarlo, estamos luchando contra eso. Lamentablemente, en esto hay una responsabilidad institucional y política del Gobierno, que es el que tiene que controlar si hay trabajo en negro, o no hay condiciones adecuadas como se ha visto.
   
   -¿Están invitados para participar de las Jornadas Trigueras a llevarse a cabo en la Fiesta Nacional del Trigo?
   
   -Siempre fuimos invitados, además, las cuatro entidades y especialmente Coninagro, participamos en todos los ámbitos de discusión de políticas agropecuarias, donde podamos ser escuchados y podamos escuchar a los demás, y donde podamos consensuar las medidas que hoy reclama el sector.
   
   -¿Qué comentan con usted los productores de Leones?
   
   -Hay que tener en cuenta que hoy existe una realidad distinta a la de 2008. Los comodities han tomado precios internacionales muy altos, venimos de una muy buena cosecha, con muy buenos precios. El productor local diversifica bastante su producción con soja y utiliza el trigo como un elemento importante en la rotación para la conservación del suelo, para preservar su cobertura y también como una herramienta de financiamiento ya que, cuando levanta la cosecha de trigo, con esos recursos puede hacer frente a los costos de implantación de la soja, del maíz o del girasol. Lógicamente las realidades son distintas. Ojalá "La Niña" nos abandone pronto, las lluvias sigan y no perdamos tanta cosecha, porque en definitiva, nuestra comunidad tiene una alta dependencia de la economía agropecuaria, si le va bien al campo, le va bien a Leones y a los argentinos. Me parece que podríamos estar todos mejor, porque habría más producción, más empleo, ésta es la discusión.
   
   -Desde el conflicto del 2008 ¿cree que los ciudadanos están más interesados en la problemática del campo?
   
   -Los periodistas y la misma sociedad argentina nos dice que aprendió de nosotros a conocer algo más del campo porque antes no se sabía nada. Ahora, con razón o sin ella, más cerca o más lejos de la verdad, la gente sabe qué es el campo, quién está allí, qué produce, cuánto produce; uno se da cuenta de que hay un nivel de conocimientos que es importante porque empezamos a valorar lo que producimos, a nuestra propia cultura. De todos modos, los periodistas de Buenos Aires no tienen idea de qué pasa en los campos del interior, si llueve o no, para ellos es lo mismo.
   
   -La semana anterior el Intendente Francioni manifestó a NUEVO DIA que usted no tiene suficientes agallas para representar a los pequeños y medianos productores. ¿Dialoga con el Intendente de Leones?
   
   -El diálogo institucional se mantiene, él ha sido elegido por el pueblo para defender los intereses de Leones. Del tema trigo o del tema campo sabe tanto como yo de medicina, por lo tanto, que se quede tranquilo que los productores de Leones están muy bien representados tanto a nivel local como provincial y nacional; estamos haciendo un gran esfuerzo para contenerlos y encauzarlos frente al avasallamiento que han sufrido y lo hemos demostrado, porque desde 2008 hasta ahora recibimos el acompañamiento de la sociedad argentina: 500 mil personas en el Monumento a los Españoles, 400 mil personas en el Monumento a la Bandera, no eran todos productores agropecuarios.
   
   Nos atribuyeron facultades políticas, lo cual está lejos de nuestras intenciones, sólo queremos defender los intereses del campo porque las soluciones para el campo son también las soluciones que el país necesita.
   
   -¿Le molestó la tapa del Página 12, donde tituló que usted estaba sentado de los dos lados del mostrador?
   
   -No, por el contrario, me voy a sentar en todas las sillas desde donde pueda defender a los productores agropecuarios, especialmente cooperativistas; tenemos más de 500 cooperativas asociadas a nueve federaciones, la mayoría de ellas exportadoras; los productores han sabido integrarse en el proceso. Lamentablemente, el movimiento cooperativo, dentro del esquema de exportaciones, es sólo el 8 ó 9 por ciento, el otro 92 por ciento, está en manos de cuatro o cinco multinacionales, por lo que, lógicamente, los recursos se van fuera del país. Nosotros somos una economía social, con un gran sentido solidario y si en alguna etapa de la cadena hay algún excedente, no va a Suiza, sino que vuelve a los propios productores, que son los dueños que generaron esos recursos.
   
   Por eso me voy a sentar en todas las sillas para poder defender ese modelo que creo que ha sido exitoso para nosotros y que hoy tiene más vigencia que nunca porque su esencia sigue estando viva y nos ha permitido, en esta etapa, donde se perdieron cincuenta y siete mil productores, ser el movimiento que menos productores perdió, porque ha logrado contenerlos para defenderlos de las políticas adversas o de las condiciones climáticas que nos tocó soportar, ya que hace un año y medio que vivimos una sequía sin precedentes en la historia de nuestro país.
   
   -Retomando la historia, hubo leonenses visionarios con respecto a las Cooperativas, algunos familiares suyos.
   
   -En Leones hubo hombres muy visionarios con respecto a la cooperación, que marcaron no sólo la historia del pueblo, sino también la del país. Y lógicamente, el hecho de que haya una pequeña cooperativa exportadora les molesta a Bunge, a Cargill. Los productores de Leones formaron la cooperativa porque pasaba lo mismo que ahora: Bunge y Born se quedaban con todo el trigo y pagaban centavos, entonces ellos formaron la cooperativa para vender el trigo todos juntos y lograr así mejor precio, en contra de esta empresa. El Estado, en ese momento, no beneficiaba a unos ni a otros, en cambio ahora lo beneficia a Bunge, lo cual es muy grave y nosotros lo estamos combatiendo, a tal punto que, en un punto, la cooperativa de Leones, cuando el trigo se trabajaba con bolsas, puso una fábrica de bolsas; se hipotecaron los campos, se sacaron créditos. Resulta que había que hacerlas con yute, que era importado, ¿y quién lo manejaba? Bunge y Born. Cerró el grifo y fundieron la fábrica. Es más de lo mismo, la historia se repite. No hemos aprendido de la historia, de nuestros errores. ¿Qué nos está pasando que podríamos estar liderando el Mercosur? Brasil crece, Chile crece, Uruguay crece y en nuestro país, el país de la leche, la carne y el pan, hay gente que pasa hambre. Hay algo que está mal, y no podemos echarle la culpa sólo al gobierno de turno, somos todos responsables de esto. Entonces, ocupemos los espacios que hay que ocupar, las sillas que hay que ocupar, y defendamos los derechos e intereses de todos.
   
   -El año pasado el eje de discusión en el Concejo Deliberante fue la problemática ambiental y la relocalización de los acopios de cereales fuera del ejido urbano, ¿qué opina de la ayuda económica que recibió Leones para invertir en el Parque Cerealero-Agroindustrial?
   
   -La problemática que se vive en Leones es la misma que viven la mayoría de las comunidades del interior del país donde la tecnología de la logística de granos ha cambiado: la urbanización creció en torno a lo que era en su momento la manipulación de la bolsa, que no generaba ningún inconveniente. Hoy, todo el trastorno que generan estas plantas modernas, ágiles, eficientes, con su motorización y mecanización, deja ruido, molestias, polución y han quedado encerradas en las poblaciones. Entonces hay que salir de esto, hay que resolverlo y –lógicamente-, el Estado no se puede hacer el distraído, porque está en juego nuestra salud y la de nuestros hijos. Hay que reordenar la actividad, el crecimiento urbano, para que podamos tener otra vez una actividad creciente, con empleos, pero que no le genere perjuicios a nadie, así que bienvenidos sean estos recursos, porque en definitiva, los recursos del Estado vienen de lo que generamos nosotros, lo que menos podemos hacer es apoyar este tipo de iniciativas, porque son en beneficio de nuestra comunidad. Por supuesto que en esto lo voy a apoyar al Intendente, sin ninguna duda, para privilegiar a Leones primero.
   
   Son cosas que necesitan de un cambio de conciencia y de una legislación que le de soporte en el tiempo para que dentro de 50 años no tengamos el mismo problema.
   
   Es importante lograr un ambiente que esté protegido lo más posible y que no perjudique a nadie. Sería ideal que empecemos a incorporarle valor a nuestra producción primaria, dejemos de exportar comodities y pasemos a exportar mano de obra. Por supuesto que esto implica un desafío muy grande hacia el futuro y mucha responsabilidad de parte de los políticos.
   
   -¿Cómo repercute en su vida personal la responsabilidad asumida en estos momentos?
   
   Por suerte tengo una familia que me acompaña mucho; nada de esto podría hacer si no estuvieran mi esposa y mis hijos, que desde la más chiquita a la más grande, saben que les estoy robando parte de su tiempo, pero también comprenden que esto va a significar para ellos y para el resto, en el largo plazo, un beneficio, una mejor calidad de vida.