Finalmente CONINAGRO presentó el trabajo denominado «El campo y la política II – Propuesta para el futuro agropecuario – con una mirada social y ambiental».
      Aunque el hecho fue destacado desde lo sectorial y, podría decirse, lo comunicacional, la repercusión en el intelecto de la sociedad política fue escasa. Similar a la respuesta que el campo está teniendo sistemáticamente en cada uno de sus reclamos.
      En la parte social, hicimos un análisis general de la situación actual de la pobreza y la del empleo. Hoy vemos que 1 de cada 4 argentinos sufren de pobreza, y el 50% de la gente que trabaja, lo hace de una manera precaria. Entonces creemos que si aumenta la producción, se producirá un empleo genuino para estas personas.
      Desde el punto de vista ambiental, desde CONINAGRO, apoyamos las buenas prácticas agrícolas. Queremos cuidar el suelo y la salud humana. Queremos demostrar que estamos haciendo las cosas bien. Por eso terminamos este mes el curso que ideamos junto al INTA, y ya trabajamos para idear nuevas acciones para que nuestros representados no sigan sufriendo discriminación por parte de las políticas implementadas en los municipios.
      Las elecciones ya están en cuenta regresiva y los productores vislumbramos con pesar, que los candidatos, a cualquiera de los cargos expectables, no avanzan en conocer más a nuestro sector y a su gente.
      En ese orden, inquieta fuertemente la situación de los productores de trigo que ya desesperanzados, dejarán de producir y buscarán otros destinos, generando desarraigo y desolación en pueblos y ciudades.
      Frente a estos pesares, CONINAGRO sigue gestionando, y realizó una acción tendiente a posicionar el tema trigo en el centro del debate. Nosotros siempre quisiéramos un esquema en el que todos ganen, consumidores y productores, generadores de materias primas e industrias. Pero la política aplicada benefició a los exportadores y a los molinos y no al productor ni al consumidor. Las ventas de harinas al mercado interno se mantuvieron en los mismos niveles relativos, pero las exportaciones aumentaron en un 50%, sin obtener ningún efecto sobre el precio de la harina y el pan. Por su parte los exportadores solo compraron la mercadería asignada por los cupos y en el momento de la cosecha. Esta situación genera inequidades que quisiéramos sean desterradas.
      Con este panorama continuaremos recorriendo todo el país, como ya hemos iniciado por Entre Ríos Buenos Aires y Córdoba, donde los productores, sin analizar calendario ni cosechas, quieren ya expresarse o hacer oír su voz frente a problemas de precios y de restricciones comerciales. Los reclamos son muchos, las propuestas de queja, también. Un año electoral nos compromete más con los ciudadanos, en general, y con nuestros pares, en particular. Se nos reclaman acciones, que debidamente serán tomadas con la responsabilidad del contexto social y con el mandato que la representatividad genuina nos conceda.
      Haremos honor desde CONINAGRO, como lo ha marcado su historia, a la templanza que obligan los tiempos que corren. La sensatez, y la equidad son valores que por estos días, están reclamando productores y ciudadanos, sin distinciones.
      

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