Los productores agropecuarios argentinos llegamos a esta época del año, con un contexto socio económico y político que obliga a la reflexión. A pocos meses de cerrar un año complejo para el campo, hay que reconocer que pese a las continuas y, a veces, intensas gestiones realizadas con el acompañamiento y compromiso de nuestras cooperativas y productores, pocas veces se ha podido amortiguar los impactos negativos sobre las cuentas del campo.
      Los pequeños y medianos productores fueron los más vulnerables en estas épocas de permanente incertidumbre, donde a la presión impositiva se sumaron medidas que afectaron precios y transparencia de mercados. Son ellos los que necesitan medidas correctivas que le devuelvan expectativas favorables a su actividad porque el actual proceso inflacionario deteriora su poder adquisitivo en función a que los costos de producción crecen a niveles que hacen inviable su actividad en la pérdida de rentabilidad.
      Frente a esta coyuntura, el productor está pensando en cómo sostenerse en la actividad, y no tratando de subsistir a las contingencias climáticas y a las políticas equivocadas, por cuanto no actuando ni pensando en maniobras especulativas como algunos intentan sugerir.
      En tanto, CONINAGRO tiene grandes desafíos para acompañar a los productores en esta realidad. Frente a este horizonte ensombrecido por cuestiones de política sectorial, continuaremos proponiendo acciones y gestiones para mejorar la vida de los productores cuya ecuación productiva ha dejado de ser rentable, ya que se ha visto afectada por un creciente costo de los insumos, y servicios en un proceso inflacionario sin freno. A ello se suma una caída de los precios de los commodities a nivel internacional, que si bien es cierto que no han tocado los pisos históricos, ponen en riesgo la permanencia de miles de productores y a la propia cadena que ellos integran en el movimiento cooperativo, afectando la estructura productiva.
      En efecto, la política económica y la falta de visión estratégica de largo plazo le han hecho perder competitividad a la gran mayoría de nuestras producciones, donde especialmente la política monetaria y cambiaria no han estado acorde a la circunstancias. Las economías regionales, cada una con su particularidad, han sido grandes afectadas durante los últimos meses, conociendo su importancia y contribución al desarrollo de cientos de comunidades del interior del país.
      Frente a este lamentable panorama que vive el sector agropecuario, la producción y sus cadenas se plantean el reto de recomponer el complejo económico productivo en un marco previsible y sustentable, que le devuelvan al productor la posibilidad de seguir creciendo y de permanecer en la actividad, dándole vida a las zonas más alejadas de los grandes centros urbanos. Y también aprovechando el gran potencial que tiene el campo en la generación de alimentos, para lo que se necesitan reglas claras y estables, con incentivos, para seguir transformando esos grandes volúmenes, en más valor agregado, como un empleo digno.
      Tenemos la certeza, que esa capacidad productiva, también significará no solo más bienestar para nuestras familias rurales sino más desarrollo para los argentinos.