La economía agropecuaria argentina transita un período de contrastes significativos. Según el informe mensual de CONINAGRO, la excelente performance de la cosecha de trigo y la solidez de las cadenas de carnes blancas (cerdo y pollo) contrastan con la parálisis en la inversión en maquinaria y la caída del consumo en sectores tradicionales como la carne vacuna.

Granos y exportaciones como motor
El salto en la producción de trigo (+49% i.a.) representa uno de los niveles más altos de la década, aportando un volumen de divisas esencial para la estabilidad macroeconómica. En la misma línea, las exportaciones agroindustriales crecieron un 11% interanual, reafirmando al sector como el principal generador de ingresos genuinos para el país.
Alertas en el consumo y la inversión
El informe enciende señales de alerta en el mercado interno. La producción de carne vacuna retrocedió un 8,4%, vinculada a una menor oferta para faena y una demanda doméstica debilitada. Asimismo, la yerba mate continúa en un ciclo contractivo con una baja del 14% interanual. El dato más preocupante es la caída del 38% interanual en el Índice de Producción Industrial de maquinaria agrícola, lo que sugiere una postergación en la renovación tecnológica necesaria para sostener la productividad a largo plazo.
Costos y escenario geopolítico
Desde una perspectiva macroeconómica, la estabilidad del tipo de cambio ofrece un marco de previsibilidad. Sin embargo, el sector enfrenta una amenaza externa: el conflicto en Medio Oriente ha comenzado a encarecer los costos de la energía y los fertilizantes. Esto se traduce en un aumento directo en la logística, las labores agrícolas y los insumos, lo que podría erosionar la rentabilidad del productor en el corto plazo a pesar de los buenos volúmenes de producción.
Análisis de la trayectoria acumulada
CONINAGRO destaca la incorporación de una nueva sección que analiza la evolución de cada actividad en número índice, tomando el mismo mes de 2023 como base. Este enfoque permite observar la trayectoria acumulada de los últimos años para los mismos meses y comparar niveles de forma homogénea, aislando efectos estacionales. De esta manera, se obtiene una visión más clara de la tendencia y la magnitud de los cambios.
Al analizar la evolución de las actividades en números índice, tomando como base febrero de 2023, se observa una mejora general del agro, aunque con desempeños heterogéneos. Los cultivos extensivos, con el trigo a la cabeza y las exportaciones actúan como los principales motores de la economía rural. En contraste, la industria y los sectores más dependientes del consumo interno muestran una trayectoria de mayor estabilidad o amesetamiento, sin lograr despegar de los niveles de hace tres años.



