En el mes en que conmemoramos la cooperación, el primer sábado de julio, es bueno reflexionar sobre el movimiento que nos contiene, justo cuando se viven tiempos aciagos en nuestra actividad.
      Las políticas, las pasiones y también las decisiones bien podrían ser una excusa, cuando los valores del cooperativismo están firmes, y si cada uno de los actores abraza, sin condicionamientos, cada uno de esos valores que nos acercaron al movimiento.
      La solidaridad, la integración, la ayuda mutua, la responsabilidad, la igualdad y la equidad son hoy revalorizadas por los hombres y mujeres de bien, justo cuando ejercer la democracia, la honestidad y fundamentalmente, la transparencia dejan de ser moneda corriente. Precisamente estos valores del cooperativismo son los que, hoy más que nunca, debemos destacar.
      En una cooperativa, existe transparencia cuando la información fluye entre asociados y dirigentes de manera clara, oportuna, y sin dobles intenciones. Es la base de la confianza, el simple gesto de creer en el otro, sin especulaciones, encubrimiento o engaño. Eso es cooperativismo.
      Pese a vivir momentos difíciles seguimos trabajando en pos de mejorar el posicionamiento de la familia rural, frente a los temas productivos que preocupan: la falta de competitividad, el atraso cambiario, la suba de costos y los problemas de comercialización que afectan a los productos de las economías regionales y a las producciones extensivas.
      No podemos obviar lo que ocurre con el trigo, producto que está en el centro de la escena, como consecuencia de políticas incorrectas y de desoír los planteos de los productores, quienes advirtieron este presente complejo.
      La política de intervencionismo generó una disminución importante del área sembrada con trigo en los últimos años. A esta situación se sumó un clima adverso que potenció el problema generando caídas en los rendimientos y producciones de baja calidad, resultando difícil cuantificar qué cantidad de trigo de calidad panadera hay disponible. Desde hace tiempo que venimos expresando y lo seguiremos haciendo, porque el consumidor debe saber la baja incidencia del trigo en el precio del pan, el cual no es más de un 9%. Y la larga cadena entre la espiga y la góndola, donde existe un sinnúmero de actores.
      Estos tiempos que nos toca vivir nos invitan a reflexionar, no solo sobre las acciones, sino sobre las gestiones; debemos tener bien en claro que nuestra defensa es la del productor agropecuario cooperativista, sosteniendo sus principios cooperativos, su dignidad, su hombría de bien. Sin duda, que este es el camino más largo y más pesado, y muchas veces, el más controvertido. Pero teniendo los objetivos claros podemos pasar cualquier tempestad que se nos presente. Para ello, debemos hacernos cargo la responsabilidad asumida por cada uno de nosotros, en nuestros roles como dirigentes, y que hoy más que nunca, nos exige una hidalga respuesta.
      En simultáneo, como ciudadanos coincidimos plenamente en lo expresado como integrantes del «Foro de Habitantes a Ciudadanos»: «Nos comprometemos a fortalecer las instituciones de la República, respetando plenamente la Constitución y las leyes, camino necesario para tener una convivencia pacífica con equilibrio institucional y federal, convencidos de que la vida democrática está fuertemente vinculada a la salud de las instituciones en todos los niveles».
      Trabajemos sobre ello.
      
      

Recibir información de Coninagro

Recibir información de Coninagro

Si querés recibir las últimas novedades podes hacerlo completando el formulario.

 

SUSCRIBIRSE

You have Successfully Subscribed!