Comienza a acelerase el pulso eleccionario en el país y los productores agropecuarios no podemos ni queremos estar ajenos. Estamos dispuestos a asumir este importante y trascendente compromiso democrático donde se juega el futuro de nuestro país.
         Frente a este escenario, no podemos dejar de alegrarnos profundamente cuando otro productor, un par, aquél con el que compartimos experiencia de vida y de labor, de gestión gremial y de representatividad, decide arriesgar en la contienda electoral parte de sus ilusiones y de sus esperanzas.
         Si bien cada provincia tiene su calendario, estamos a pocos días de las elecciones primarias nacionales. Es verdad que se definirá el perfil de modelo que la mayoría de los argentinos quieren para la Argentina, pero debemos pensar y señalar enfáticamente que en esa contienda, se está definiendo el futuro de la producción agropecuaria.-
         Es una decisión que no está limitada al Poder Ejecutivo, sino también a otros ámbitos de debate, así como la renovación que se impulse en el Legislativo. Y de esa impronta dependerá que nuestro país tenga una política agropecuaria que contemple como ejes prioritarios la eliminación de restricciones comerciales, sin entes superpoderosos que manejen discrecionalmente las compras y ventas externas y en consecuencia determinen los precios que reciben los productores; una política impositiva que brinde herramientas de incentivo, que sea equitativa, progresista, y permita el equilibrio fiscal. Y un sistema financiero tiene que estar al servicio de la producción y no de la especulación.
         CONINAGRO manifestó a cada uno de los candidatos y representantes de los diferentes partidos su predisposición para acercar la visión del cooperativismo rural. Si existen en sus propuestas suficientes, creemos que nuestro aporte puede darles un conocimiento acerca de las necesidades y falencias de la productividad cooperativa. La visión del cooperativismo está puesta en el pequeño y mediano productor, con eje en una mayor crecimiento cultural y social.
         Cualquier candidato debe saber que la Argentina está padeciendo las consecuencias de políticas equivocadas. Que los productores de trigo, de maíz, algodoneros, de arroz, cítricos y ganaderos, viven una situación muy difícil como consecuencia de las restricciones a las exportaciones, impidiendo la competencia genuina en la formación de los precios, especialmente en la articulación con los valores internacionales.
         Mientras los precios internacionales se mantengan en niveles altos, los ingresos del Estado continuarán sostenidos y contribuirán a mantener las cuentas públicas. Pero Argentina no puede tener más una mirada de faros cortos. Hoy se debería estar hablando de mejorar la productividad incorporando mano de obra, nuevas tecnologías en semillas, en agroquímicos y de un mejoramiento general, que significarán una producción más voluminosa y, en consecuencia, mayores ingresos para el Estado.-
         Si pudiera entenderse esta mirada, si nuestros gobernantes comprendieran definitivamente que nuestra lucha se dirige a lograr, de una vez por todas, el despegue de nuestra Argentina, los resultados serían inminentes.
         La mayor producción pretendida logrará un beneficio que se terminará derramando en la sociedad toda y redundará en mejor salud, mejor educación, mejor seguridad, más infraestructura, más combustible, y en alimentos más accesibles para todos.
         Para todo ello, necesitamos políticas acordes con esa realidad.
         Tal vez estemos en tiempos oportunos.