¿Es el superávit comercial argentino agrodependiente?

A modo de introducción, resulta importante subrayar que hay diversos modos de acceder a dólares en una economía. Básicamente ellos son; la recepción de inversión extranjera, el acceso a financiamiento externo, los cobros de capital o intereses por operaciones financieras generadas desde el territorio nacional, la recepción de remesas por parte de nacionales en el exterior, la recepción de utilidades de empresas nacionales que operan en el extranjero o simplemente el resultado del comercio exterior (sea de comercio de bienes o de servicios).

Argentina recibe muy poca inversión extranjera directa, tiene escasísimas empresas nacionales actuando en el extranjero que envíen al país utilidades, padece un (muy menor) saldo -deficitario- en el flujo de remesas; y por ende ha recibido últimamente dólares solamente por la vía del financiamiento externo (deuda) o por el comercio exterior.

Habiéndose interrumpido el acceso a finamiento desde el exterior en el sector público (y prácticamente también para la gran mayoría en el sector privado) hace algunos meses, queda entonces para hacer esta cuenta en Argentina, en términos prácticos, solo el comercio exterior como generador de divisas.

Pues bien, es útil entonces conocer el saldo de la balanza comercial de bienes y de servicios total del país, y dentro de ella es procedente analizar en ese comercio exterior cuál es el resultado (balanza de dólares) de cada sector productivo.

Los resultados sector por sector

El cuadro siguiente muestra el balance de exportaciones e importaciones, y el consecuente saldo en la balanza comercial intra-sector, en cada rubro relevante en Argentina  (además de exhibir los resultados totales en el país) en el reciente 2019.

Como puede observarse, en los 21 capítulos del nomenclador, hay más capítulos que arrojan déficit (12) que los que arrojan superávit (9). Pero lo estrictamente relevante es la notable diferencia que se observa entre los resultados de las balanzas sectoriales de los rubros que componen el gran conjunto de productos de origen agropecuario y el resultado del resto.

La información antes expuesta se refiere a los diversos capítulos del nomenclador arancelario. Pero si se agrupan los datos antes referidos en grandes conjuntos los resultados son contundentes.

Esos grades conjuntos pueden clasificarse en productos de origen agropecuario -que a la vez pueden subdividirse en productos primarios de origen agropecuario y productos manufacturados de origen agropecuario-, productos industriales, productos minerales, metales precisos y objetos de arte (todos incluidos en los rubros antes expuestos). Y además de esos productos de la balanza de bienes puede incluirse ara el análisis la previsión (por ahora solo proyección -porque aún no están disponibles los datos de los últimos meses-) en el comercio exterior de servicios.

Haciendo ese ejercicio, los resultados son los que se muestran a continuación:

Análisis

Como puede verse, en 2019 Argentina tuvo un superávit comercial total en la balanza de bienes de 15.989 millones de dólares (diferencia entre lo exportado y lo importado).

Pero si se desagrega el resultado por rubros se constata que Argentina tuvo un generoso superávit en la balanza de productos de base agro (manufacturados y primarios), que llegó a 37.535 millones de dólares (que a la vez puede desagregarse en un superávit en la balanza de primarios de origen agropecuario de 20.007 millones de dólares y un superávit en la balanza de manufacturados de origen agropecuario de 17.526 millones de dólares), que contrasta con el alto déficit en la balanza industrial, de -24.072 millones de dólares, al que se suma el déficit de la balanza de minerales, de -1.164 millones de dólares, y al que hay que agregar (en cuenta separada) el previsto déficit en la canasta de servicios, de -4.400 millones de dólares. Esto además se completa con un leve superávit en los metales preciosos (que a los efectos de este análisis se calculan por separado de los metales convencionales) y los objetos de arte y antigüedades.

Al superávit comercial argentino se lo que puede calificar entonces de agrodependiente, porque sin el superávit de la agroindustria el resultado hubiese sido ampliamente deficitario. Más aun, los demás sectores restan al superávit que proveen las actividades de origen agropecuaria.

Y adicionalmente, como se advirtió en el dato agregado al final del último cuadro, también es relevante considerar que en la cuenta corriente de la balanza de pagos argentina también se incluye el déficit del sector servicios.

Esto asigna al sector agroindustrial exportador una relevancia estratégica notoria en la Argentina en tiempos en los que las cuestiones cambiarias adquieren un significado económico, financiero y político.

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