Para el nuevo año y subsiguientes el mundo nos sigue ofreciendo una oportunidad inigualable en cuanto a sus requerimientos de alimentos y los precios internacionales se mantienen con buenos valores. Nosotros, como productores, tenemos una capacidad y un potencial de producción que debemos aprovechar. Pero la mayoría de las producciones están perdiendo rentabilidad y competitividad, y no se vislumbra una expectativa de certidumbre a futuro, para que haya más inversión, más innovación tecnológica, más incorporación de tecnología y más abastecimiento. Se necesitan correcciones en la política agropecuaria, para salir de los estancados niveles de producción.
   En realidad, se necesita un conjunto de medidas, coherentes, de largo plazo, reglas de juego claras, que despejen el camino hacia el futuro. Pero, en términos concretos, para recuperar una ecuación sustentable y que le devuelva rentabilidad al sector, hay que corregir por el lado de los ingresos y por el lado de los egresos. Por el lado de los ingresos, el precio es el mayor incentivo para la producción. La formación de los precios debe darse en un mercado transparente, que realmente articule los valores internacionales con el mercado interno, y que eso llegue al bolsillo del productor. Eso sería un aliciente importante. Si a ese buen precio internacional se lo acompañara con un tipo de cambio competitivo, que realmente le dé cobertura y previsibilidad, habremos avanzado mucho por el lado de los ingresos.
   Por el lado de los egresos hay que tener en cuenta que la inflación también está castigando a los sectores productivos, y particularmente a las producciones regionales, que tienen un fuerte componente de mano de obra. Pero en general, los costos de combustible, de logística, de insumos se ven afectados con incrementos muy fuertes. Pero hay un componente de los costos que está generando la mayor distorsión y es el aumento desmedido de la presión impositiva, que se ha tornado confiscatoria para algunas producciones, y el productor agropecuario ya no tiene más capacidad contributiva. Eso termina resintiendo la productividad, caen los volúmenes de producción y por consiguiente perdemos todos.
   ¿Cómo resuelvo el problema de la inflación? Con más producción. Si pongo más bienes y servicios en oferta, voy a lograr estabilizar los precios. No solamente puedo abastecer la mesa de los argentinos, sino que puedo generar ingresos a través de mayores exportaciones. Por eso, si se baja la presión impositiva, el sector productivo puede destinar esos recursos a incorporar mayor tecnología y a expandir el área de cultivo, con lo que se podrá obtener un volumen mayor de producción, lo que va a generar más actividad económica, más empleo y más consumo, y el Estado va a volver a recaudar lo mismo o más que antes, a los fines de mantener el equilibrio fiscal.-
   Creemos que hay que tomar una serie de medidas. Adecuar las devoluciones de los saldos de IVA y los reintegros a las exportaciones. A las producciones regionales deberíamos eliminarles totalmente los derechos de exportación, porque tienen una incidencia muy baja en las cuentas fiscales, además de mejorarles los reintegros. Son una serie de herramientas para devolverles rápidamente competitividad sin necesidad de recurrir a una gran devaluación, porque también sabemos que eso termina afectando a otros sectores de la economía, especialmente al asalariado. Hay que buscar el equilibrio, para que el beneficio de un sector no se transforme en perjuicio para el otro, y mucho menos para el Estado que integramos todos. Pero si no motorizamos la actividad productiva, la cadena se empieza a resentir, y eso termina perjudicando a todos los argentinos y al País.-
   Cuando el Estado interviene arbitrariamente en la comercialización de los productos agropecuarios, se generan grandes distorsiones, que terminan rompiendo las reglas de juego. Esta acción siembra incertidumbre en los operadores del mercado que finalmente se traslada en un menor precio al productor. Entonces, si no se transparentan los mercados, buena parte del precio se queda en la cadena, como consecuencia de esa imprevisión que se genera.
   En definitiva, se trata de armonizar y articular un conjunto de normativas que den, primero previsibilidad y segundo, que tengan proyección en el tiempo, que no dependan de la arbitrariedad del Gobierno de Turno, y mucho menos de un funcionario, sino que sean políticas de Estado que perduren independientemente de los cambios de gobierno. Si se actúa con racionalidad y si hay predisposición al diálogo, se pueden superar las diferencias y potenciar las coincidencias, alcanzar consensos y definir acuerdos con los cuales podremos alcanzar los volúmenes de producción que el sector está en condiciones de generar y que el país necesita, no solo para su desarrollo económico sino fundamentalmente para su desarrollo social que se traduzca en mejor calidad de vida y más bienestar para todos los argentinos.
   
   Que tengan un buen nuevo año!