Crecen las preocupaciones de los productores agropecuarios. El hombre de campo ya no puede soslayar los números cada vez más negativos que comienzan a insinuar complicadas etapas para el sector agropecuario.
      A los reales problemas de producción de trigo y maíz se suman trabas en la comercialización de los productos del campo.
      En efecto, un trabajo reciente indica que el maíz ya no es rentable y esto se visualiza ahora, a pocos días del comienzo de la siembra. Se indica que las condiciones actuales impactan negativamente sobre la producción con el riesgo de sufrir una caída en la inversión, la producción y el empleo que esta producción genera.
      Nuestro productores saben bien lo que dicen los números: Hay regiones del país, como el NOA, donde se van a necesitar rendimientos 70% superiores al promedio de las últimas 6 campañas para poder equiparar los gastos de producción de maíz con los ingresos. En la región pampeana, para cubrir los costos de producción van a necesitar un rendimiento 10% superior al del promedio histórico.
      En cuanto al trigo, los productores del sudeste siguen padeciendo los coletazos del bajo precio internacional, la escasa financiación y las malas condiciones climáticas que afectaron vastas zonas de producción. En consecuencia, las próximas cosechas serán más pobres, impactando directamente en la actividad comercial de cada uno de las localidades donde se produce el cereal.
      En las economías regionales la situación no es mejor. Antes hablábamos de competitividad y de suba de insumos; hoy ya se escuchan voces que hablan de una situación que limita con la subsitencia.
      Esto se da en un marco de conflictividad en cuanto a la comercialización. En simultáneo, el gobierno intenta reformar toda la legislación vinculada al abastecimiento. CONINAGRO, como representante del cooperativismo agropecuario ya ha dicho que nuestro movimiento siempre ha sostenido al rol del Estado en su responsabilidad de ejercer los debidos controles y fiscalización sin generar ningún tipo de intervención que distorsione la transparencia de los mercados. También sostuvimos, en declaraciones públicas, que el sector público no puede, en un Estado de derecho, violentar al sector privado con el argumento de proteger al consumidor, condicionando los volúmenes, márgenes y precios.-
      No obstante, el escenario es el menos querido, y han caído las principales producciones: granos, carne, leche y los productos de las economías regionales. Un escenario donde todos pierden, y donde solo resta como consuelo, reafirmar por lo que potencialmente podrían crecer nuestros productores argentinos. Pero, por ahora, solo es una situación potencial.
      

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