Han sido semanas agitadas para CONINAGRO. Como parte de nuestra gestión institucional hemos iniciado un ciclo de capacitación para los dirigentes e iniciado una fuerte discusión, enriquecedora y motivante, para mejorar el horizonte gremial del cooperativismo agropecuario.
   En este marco, los jóvenes cumplen un rol fundamental ya que son los trasmisores y propaladores de nuestro movimiento cooperativo. Con sus expectativas y nuestra experiencia llegamos a cada rincón donde un productor agropecuario busca representatividad. Es por ellos que continuaremos, este año, con el ciclo de fortalecimiento institucional, que no es más ni menos que capacitación a variada y gran escala.
   Es gratificante experimentar la avidez de las juventudes cooperativas por conocer la historia y la evolución de sistema cooperativo en nuestro país. También saber la necesidad de conocer la coyuntura con la mirada sectorial.
   En gestión gremial también avanzamos en una etapa que no nos ha generado pocos conflictos: la mayoría de los productores agropecuarios se cansaron de las propuestas y comenzamos con las protestas.
   En primera instancia hemos iniciado una gestión que puede dar buenos resultados. Contarle a la ciudadanía los valores que los productores reciben en comparación con los que paga el consumidor en el mostrador. Fue una puesta en escena de la situación que padecen las producciones del interior del país, las economías regionales, en las que se vislumbra un malestar fundamentalmente por la pérdida de competitividad.
   Esta campaña de difusión apunta a que la sociedad, los actores sociales y hasta el propio gobierno conozca y comprenda la gran diferencia que existe entre los precios que reciben el productor y lo que paga la sociedad argentina en la góndola. Esto muestra la fuerte presión que ejerce el Estado desde el punto de vista impositivo y cómo afecta la espiral inflacionaria que golpea de lleno sobre los sectores de menores recursos.
   Con esta acción pretendemos instalar en todos los ámbitos del país la situación que afecta a los productores agropecuarios. Solo esperamos que realmente podamos encontrar el espacio o el ambiente para que lleguen las soluciones que el campo reclama y los argentinos necesitan.
   En una segunda etapa, el cese de comercialización por 5 días, también avanza en demostrar a la sociedad y al Poder Ejecutivo los problemas que padecen los productores. No es la mejor metodología, pero es la instancia que se buscó para expresar un descontento que se ha manifestado en casi una docena de Asambleas, donde las bases mayoritarias demandaban una acción de este tenor.
   Como entidades queremos que la formación de los precios, a través de mercados transparentes, actué como un incentivo de la producción. Queremos una política tributaria que deje de ser confiscatoria y también genere incentivos, con un sistema progresivo, no como un castigo a la producción, y finalmente, necesitamos un sistema financiero que esté acorde a la rentabilidad del sector; un tipo de cambio competitivo y una serie de normativas que se tienen que complementar de tal forma de devolverle la competitividad al productor. Hay que pensar que el eje de la solución es el propio productor como soporte de un esquema de desarrollo para el interior de nuestras comunidades, y de nuestros pueblos. Necesitamos arraigo con crecimiento, con mayor inclusión, con mayor distribución de los recursos, con más bienestar para el resto de la comunidad.
    El campo quiere reglas de juego claras y las entidades apuntamos en una primera etapa a los problemas coyunturales, donde las decisiones pasan por el Ejecutivo nacional. Luego de pasada esta situación, hay que retomar al Congreso de la Nación como un ámbito de discusión de políticas públicas. Necesitamos resolver los problemas de los productores independientemente de los gobiernos de turno. Bregamos por políticas de Estado para darle más previsibilidad a producciones que tienen ciclos biológicos realmente muy largos.