Durante el último mes se habló intensamente del Mundial de fútbol. En un país apasionado por este deporte, en el que la historia de cada uno de sus habitantes está vinculada a historias de arraigo o de familia, el Mundial significa un acontecimiento único, que muchas veces logra hechos y eventos también únicos.
      Con el Mundial quedó en claro que con ideales, sueños, unión, confianza, franqueza, compañerismo, entre muchos otros valores, se puede concretar las aspiraciones y llevar a cabo acciones comunes.
      Cuando un grupo humano se siente hermanado por un objetivo común, aunque tenga adversidades, alcanza el objetivo. De esto sabemos bien los cooperativistas, desde los orígenes del primer Almacén Cooperativo en la Ciudad de Rochdale, Inglaterra, hasta la última inauguración de una planta de silos de nuestra pampa húmeda.
      Quienes han abrazado el sistema cooperativo tienen la certeza de que el trabajo mancomunado permite lograr grandes empresas.
      Así el cooperativismo, como la pasión del fútbol, el productor agropecuario sabe también de esfuerzos y de trabajar con un objetivo, aún sin garantía de resultado. El potencial productivo agrícola estuvo en trigo y maíz, ciertamente cercenado dado la falta de incentivo a los productores. Vemos, entonces, volúmenes diezmados como consecuencia de decisiones erráticas en políticas públicas. Por eso decimos que el campo necesita aprovechar el potencial que tiene, especialmente en las economías regionales, las que tienen un fuerte componente en lo social por su incursión en las comunidades del interior, por la generación de empleo, y por la multiplicidad de actividades que generan, incluyendo la propia estructura agraria familiar.
      Julio representa también la época de conmemoración para el cooperativismo, momentos de reflexión y de redoblar los esfuerzos por consolidar un movimiento que en el sector agropecuario de nuestro país implica una facturación de u$s 7.000.000.000 por año con 120.000 productores empresarios asociados a cooperativas agropecuarias y 300.000 trabajadores permanentes y transitorios en esas unidades agrarias. Un movimiento cooperativo agropecuario que significa 40.000 puestos de trabajo que están en forma directa en las cooperativas agropecuarias de primer y segundo grado; exportaciones que superan los u$s 3.000.000.000 anuales representando el 9% del total de la industria agroalimentaria.
      Todo este potencial mostrado, y evidenciado en números, sería insignificante si no implicara a nivel humano un capital social que genera desarrollo en cada uno de los rincones de nuestro país.
      Frente a esto es que decimos que un Mundial, que puede ser tergiversado o utilizado como distracción, también sirve para consolidar sentimientos arraigados en cada uno de nosotros, de mostrarnos, una vez más, que todos juntos – ya sea en instituciones, como referentes, en la relación campo con otros eslabones – es mucho más fácil lograr mejores resultados.
      
      

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