-¿Cómo ve al cooperativismo?
   
   -En todas las estructuras regionales vemos la necesidad de financiamiento. Cuesta mucho adaptarse a las nuevas tecnologías que exigen inversiones muy fuertes para un esquema que privilegia sostener al pequeño y mediano productor. Lógicamente, si se castiga a los productores pyme que están nucleados en organizaciones solidarias como las cooperativas, éstas terminan resintiéndose.
   
   Pero confiamos mucho en nuestras fuerzas, en la pertenencia de los productores. Entre el censo de 2001 y 2008 se perdieron 57.000 productores y sin cooperativas hubieran sido más, porque cayó la productividad y aumentó la pobreza.
   
   En el país de la carne, la leche y el pan, no se concibe que haya hambre; llegó el momento de consensuar políticas agropecuarias que nos instalen en el camino del crecimiento, con mayor inclusión social, desarrollo económico, arraigo y evolución de las economías regionales.
   
   -Coninagro reclama al Gobierno "morigerar políticas" que hicieron desaparecer a los productores. ¿Cuáles son?
   
   -Fundamentalmente tres: la política comercial, donde tenemos que encontrar un mecanismo de articulación de precios a nivel local y también para el mercado internacional, sin distorsiones pero con control; reglas de juego claras que transparenten las cotizaciones, para que el productor deje de recibir un precio mucho más bajo y en el otro extremo de la cadena el consumidor pague mucho más; y la política impositiva, que exige encontrar un esquema que devuelva los incentivos a la producción.
   
   Lógicamente habrá que rediscutir las retenciones, que deben desaparecer para la mayoría de las economías regionales. Y un sistema tributario para la soja, que le dé sustentabilidad al productor y permita al Estado mantener el equilibrio; no se trata de beneficio para unos en detrimento de otros.
   
   Otro tema es el financiamiento: el dinero es caro, el trámite, burocrático y se necesita capital de trabajo para elevar la productividad. Si no debatimos esto vamos a un mayor deterioro social y este genera conflictos.
   
   -Llueven anuncios y hay una maraña de líneas crediticias, incluso préstamos a sola firma. ¿Cree que tanto financiamiento disponible es real?
   
   -Los productores descreen de todos los anuncios del Gobierno, porque la confianza se perdió. Lo primero es restablecer la credibilidad para que se produzcan los efectos deseados. Hasta tanto el productor no palpe algo tangible no devuelven las expectativas. Bienvenido sea, pero es un proceso lento y el debate en el Congreso dará los resultados en el largo plazo. Mientras, hay que resolver la coyuntura y la responsabilidad es del Gobierno.
   
   -¿Cómo está hoy la Mesa de Enlace que integra Coninagro?
   
   -Aunque la relación es buena, cuando estábamos en plena protesta (contra la resolución 125) las coincidencias eran más fáciles. Pero ojalá no volvamos a una instancia como esa y podamos tratar propuestas y profundizar el diálogo. Pese a que el gran componente son los productores pyme, hay un proceso económico concentrador de la tierra y la riqueza promovido por un Gobierno que se tildaba de populista y progresista.
   
   -La protesta del campo se extendió a las economías regionales hasta que se socializó. ¿Capitalizaron eso?
   
   -Lo rescatable es la unidad conseguida por las propias entidades, una muestra hacia el resto de los actores económicos, políticos y sociales. Y el primer avance fue participar en los espacios de decisión política, cuyo detonante fue el avasallamiento del poder político hacia un sector productivo.
   
   Luego vino la etapa de expandirse hacia otras problemáticas, donde descubrimos casos conflictivos, como el de los algodoneros del Chaco, los yerbateros en Misiones o los viticultores aquí, con carencias similares al pequeño sojero. La dirigencia rural lo entendió y el desafío a futuro es ese: saber integrarnos para un país digno.
   
   -Con la devolución de las retenciones, ¿la vitivinicultura pasó a ser referente?
   
   -Creo que sí, más allá de que hemos sido claros en que las economías regionales no deben tener retenciones. No hay mejor forma de distribuir la riqueza que dejarla en el lugar que la genera. Se trata de U$S 160 millones que no mueven la aguja; bien podrían quedar en los propios productores. Si se pretende el equilibrio fiscal, los recursos deben buscarse en otro lado, además de gastar menos y mejor.
   
   Otro factor es el tipo de cambio: con insumos a $ 3,94 y producto a $ 2,40 se necesita un tipo de cambio competitivo que no erosione el poder adquisitivo. El Estado quiso apropiarse de una renta que consideró extraordinaria y generó un conflicto: debió haberse discutido cuánto puede aportarse en condiciones buenas y cuánto se puede recuperar cuando son adversas. Sólo somos socios en las ganancias, ante la sequía el Estado mira a otro lado.
   
   -¿Los próximos pasos?
   
   -En Coninagro intentamos fortalecer las estructuras regionales para lograr mayor participación. Y frente al Gobierno, insistir en las cuestiones coyunturales. En el Congreso, pensar el país después del 2011, a través de consensos en políticas de Estado con el resto de los sectores, relacionado con el federalismo y una mejor distribución de los recursos. Trabajamos fuerte, aunque no estemos en los medios.